Los ambulantes del centro de Tuxtla Gutiérrez la siguen pasando muy bien pese a todo pronóstico en su contra.

Los estantes y percheros móviles lucen llenos y abarrotados de mercancía y compradores compulsivos a su alrededor, no cierran porque son comercios de casi 24 horas y cualquier hora es buena para rematar gorras, sombreros, cinturones, textiles, fragancias y demás accesorios.

Pero las ventas por momentos se apagan cuando el inspector del Ayuntamiento simula inspeccionar; éste dialoga un par de segundos, toma un par de fotografías desde su smartphone para su bitácora y se marcha.

El fiscal municipal, como se le ha denominado —acertadamente— desde la nueva administración municipal de Tuxtla Gutiérrez va y viene, pasea de oriente a poniente, de norte a sur en busca de vendedores informales, que en clave figuran como enemigos o amigos y amigas del Ayuntamiento si incumplen o cumplen con sus impuestos no legalizados para tener derecho de piso.

Se conocen unos a otros, como el alcalde Carlos Morales Vázquez; y la síndico Karla Burguete Torrestina, se conocen desde la intimidad de la vida pública. Ambos comparten el control y silencio de lo que es realmente un servicio público hostil a sus gobernados y contribuyentes.

De la 5° Sur a la Avenida Central, el tránsito vial y peatonal es un caos, la calle y banquetas de la calle central, 1° Oriente y 1° Poniente lucen saturadas por vendedores informales, quienes han conquistado el principal punto de comercialización de la capital de Chiapas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.