Trump no ceja en descarrilar la elección

Nueva York., Donald Trump y sus cómplices están solicitando anular la voluntad popular expresada en los comicios para rescatar lo que llaman “la democracia”, mientras continúan ignorando –literalmente, no mencionando– que estos son los días más mortíferos de la pandemia con saldos diarios que superan los del 11-S.

El presidente expresó su deseo de que la Suprema Corte “revierta” los resultados electorales, argumentando que el máximo tribunal “tiene la oportunidad de salvar a nuestro país del mayor abuso electoral en la historia de Estados Unidos”.

Se refiere al esfuerzo encabezado por el procurador general del estado de Texas, quien ha solicitado que la Suprema Corte de Estados Unidos descalifique los resultados de la elección en cuatro estados claves que perdió Trump, y postergar el voto del Colegio Electoral programado para el próximo día 14, hasta que esos comicios sean “investigados” por irregularidades.

La solicitud ya no intenta acusar que hubo fraude –ya que en decenas de casos ese argumento ha sido rechazado por tribunales estatales y federales– sino sólo que cambios en los sistemas electorales estatales permitieron la posibilidad de un fraude que no necesariamente se puede detectar.

A pesar de que expertos en la ley pronostican que esto no prosperará ante el máximo tribunal del país, los procuradores generales de 17 estados –todos bajo gobiernos republicanos– se han sumado en apoyo a la petición de Texas. A la vez, 106 legisladores federales republicanos también han respaldado el caso.

Los observadores están asombrados porque los supuestos conservadores están promoviendo una acción de intervención federal en sus estados, y en los hechos están apoyando la anulación del sufragio, en este caso de unos 20 millones de votos en los cuatro estados. “El encabezado de la nota debería ser: ‘17 estados intentan dinamitar la democracia estadunidense’. Estos 17 pertenecen a la sala de la vergüenza”, comentó el experto electoral Larry Sabato, director del Centro para Política de la Universidad de Virginia.

Esta es la maniobra más extrema hasta la fecha de Trump y sus cómplices para mantenerse en el poder a través de subvertir una elección que perdió por más de 7 millones de sufragios y 74 votos electorales, resultado que ya ha sido certificado oficialmente por cada uno de los 50 estados y la capital. La maniobra busca frenar la sesión del Colegio Electoral en la cual emite su voto y declara formalmente al ganador.

Pero si la Suprema Corte rehúsa intervenir y legisladores estatales no logran, o no se atreven, a descartar el voto popular, se supone que el próximo lunes el Colegio Electoral declarará que el demócrata Joe Biden es el ganador oficial de la elección. Sin embargo, todo indica que Trump y sus aliados no se rendirán ahí.

Es muy posible que el equipo del magnate avanzará hacia una última batalla en la cual buscarán que los legisladores federales republicanos descarrilen la próxima etapa del proceso electoral, programada para el 6 de enero, cuando ambas cámaras del Congreso se reúnen para en efecto certificar el voto del Colegio Electoral.

Esta fase casi siempre procede sin incidentes y casi nadie se fija en ese ejercicio formal, pero según las reglas constitucionales, si un solo diputado y un solo senador escriben que desean rechazar los resultados del Colegio Electoral, cada cámara se retira para debatirlo. En el caso de que una mayoría en una de las cámaras rechace ese resultado, el próximo paso es que la cámara baja elija al presidente y el Senado al vicepresidente.

Todo esto sería parte de una estrategia no para ganar en este proceso, ya que eso seguramente no sucederá, sino para poder proclamar que Biden será “un presidente ilegítimo”, algo que Trump empezó a proclamar este jueves.

Diversos políticos, incluso algunos republicanos, y una amplia gama de comentaristas, han señalado que esta es “una jugada loca” que no prosperará, pero que está dañando la credibilidad y confianza de la opinión pública en la democracia estadunidense.

Tal vez lo más cómico –o trágico–es que el gobierno de Trump aún cree tener la autoridad moral para enjuiciar los procesos electorales de otros países, como lo hizo en el caso de Venezuela el lunes pasado, al declarar que sus comicios legislativos “fracasaron en cumplir con cualquier norma mínima de credibilidad”, y ayer hizo un llamado por elecciones transparentes y justas en Uganda. Al parecer, no hay espejos en el Departamento de Estado.

Todo esto en los peores días de la pandemia; el miércoles se registró el dia más mortífero no sólo desde que empezó el Covid-19, sino en la historia del país. Se reportaron 3 mil 54 muertes por coronavirus sólo ese día, comparado con los 3 mil en el gran terremoto e incendio de San Francisco en 1906, y los 2 mil 977 fallecidos en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Este jueves se marcó nuevo récord al llegar a 3 mil 350.

El director de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), Robert Redfield, pronosticó que durante los próximos dos a tres meses, el saldo diario de muertes por Covid sería más o menos el mismo; o sea, como señaló el Washington Post, un 11-S diario por tres meses.

Trump no hizo mención del saldo de los nuevos niveles récord ni del pronóstico devastador.

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